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Marcos Patricio Concha Valencia "Volver a morir" |
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[ Descargar archivo mp3 ] 11:41
Música: Piazzozla - Sin rumbo
VOLVER A MORIR |
Ese día amanecí muerto. La muerte, que vela incesante desde que anidamos en el útero materno, se llevaba mi espíritu después de una pesadilla mortal: Yo o mi espíritu flotaba ingrávido, transparente, invisible en el cielo raso del dormitorio. Desde la cocina subía el aroma del pan tostado del desayuno, las campanas de la iglesia repicaban la misa de ocho. En el cuerpo inánime el rostro comenzaba a palidecer. No tenía prisa para iniciar el viaje ignoto. Dejé a mis deudos arreglando el cadáver y por algún motivo decidí volver al momento en que nací. Los espíritus no tienen barreras de espacio y tiempo, para llegar a un lugar en cierta fecha sólo tiene que desearlo. Siempre fui un poco torpe, al comienzo, inexperto llegué a Valparaíso en el año mil trescientos ochenta y cuatro, sólo había cerros cubiertos de bosques y matorrales. Mi corazón palpitó apresurado, es sólo una expresión, ya no tenía, pero uno se queda con esas palpitaciones como cuando sufre emociones. Me concentré y logré llegar al hospital en el momento en que nacía. La mujer que me estaba pariendo, no era mi madre. Como espíritu, saber que tu madre no era tu madre, no tiene mucha importancia, es una cuestión material, digamos como terrenal, pero de todas maneras esta vez se me encogió lo que había sido el corazón. Difícil entenderlo, pero ustedes me comprenden. Mi primera reacción fue detener toda investigación, no quería encontrarme con nuevas sorpresas, capaz que descubriera que finalmente yo no era yo, sino otro y que mi espíritu había estado en un cuerpo que no le correspondía y si había vivido equivocado me pondrían a vivir sin equivocaciones. Estaba confundido, la eterna curiosidad se mantenía. El problema es que no se puede estar mucho en la tierra como alma en pena y el tiempo se agotaba. El bicho de la curiosidad barrena la mente y deja una semilla que crece lentamente. No le dije a nada a nadie. Comencé en el registro civil. El polvoriento archivo estaba correcto, coincidían la fecha de nacimiento y los nombres de mis padres, todo era normal. Ellos habían muerto en un accidente de tránsito, no podía preguntarles directamente. Revisé los álbumes familiares: cada vez me encontraba menos parecido a ellos. Me decía a mi mismo que me estaba volviendo loco, creía en alucinaciones, espíritus y cosas por el estilo, yo que había sido siempre tan razonable y escéptico. Le hice preguntas capciosas a las tías y tíos, observé sus reacciones, todos coincidían en el embarazo de mamá y la felicidad de la familia cuando nací, ni siquiera trataban de cambiar la conversación, no tenían duda. Mis padres, habían esperado descendencia largo tiempo, la fe los había recompensado: yo fui su único hijo. Mi profesión de médico facilitó mi indagación, llegué a los archivos históricos de la maternidad del hospital, donde había nacido. El día de mi nacimiento había siete anotaciones, todas femeninas. No había registro del mío, faltaba una página arrancada precipitadamente. El encargado del archivo, me miró apesadumbrado y me dijo: — Lo siento doctor, no tenemos más información. Hice la reducción de sepultura de mis padres y finalmente la prueba de ADN demostró que no eran mis padres biológicos.
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